Escrito por algunos de nuestros voluntarios basado en sus experiencias con RHA.
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Tijuana Parte 3

Updated: Dec 4, 2019

“La Vida como Doctora de visión Global con una Inclinación por la Salud Pública”


Tijuana Parte 3

Julio 16, 2019 / By: Ann Colbert


Trabajando en una Clínica en la Frontera




Ayer tuve otro momento insólito. En una calle paralela a la frontera, en un Uber cuyo conductor se llamaba Jorge. Sentada a mi derecha en el estrecho asiento de atrás – estaba una mamá venezolana muy asustada, meciendo su niño de dos años, terriblemente enfermo. A mi izquierda – la más fea y criticada pared de metal. Las consignas, los artículos de opinión, los tuits volviéndose realidad en mi presencia. La vida imitando el arte. En este viaje de media hora (corto sólo para mí), desde el niño pequeño envuelto en la cobija, hasta que llegamos al hospital general de Tijuana, me acordaba de mi propia angustia cuando una vez tuve que llevar a mi hija a toda carrera a emergencias. Miedo, confusión y enfermedad llenaban el ambiente mientras yo trataba de no sofocarlo con mis lágrimas.


En el refugio, había ocurrido una acalorada discusión acerca del bebé que tenía que ir al hospital. Gente gritando y con angustia, interrumpiendo la preparación de la comida de la mañana del domingo. Más gente venía, se formó una multitud. La mamá lloraba, y yo no podía entender por qué era tan difícil decider. Todos estaban de acuerdo de que el niño estaba muy enfermo. Sólo más tarde me enteré del por qué de la demora. Toda esta gente particularmente vulnerable, algunos son familia, otros no, estaban preocupados de que al llevarlo al hospital, resultaría en separación. O la madre era la más preocupada y los otros la consolaban. Con miedo de no volver a ver a sus padres o su esposo, porque ella no tenía papeles , y además estuvo perdida en una caminata en la selva. Imagínense todo las barreras que tenía que enfrentar, sólo para solicitar tratamiento médico – el idioma, miedo a la deportación y encarcelación. Además de su hijo con temperatura de 104 grados (40 grados centígrados), y tener solo 16 años de edad. Y por último, salir corriendo de un país que se está desplomando. { De acuerdo a las naciones unidas, más de 3 millones de personas han salido de Venezuela desde que comenzó la crisis económica en el 2014.


En un tono menos serio, estoy determinada a aprender más español. Esperando en el hospital, le expliqué a la madre del niño que ésta era la primera vez que yo venía al hospital Tijuana General. El traductor me miró de manera burlona. “De verdad? Su primo vino a este hospital?” Por qué hay unas palabras en español que se pronuncian casi igual pero significan algo muy diferente? Por ejemplo primo (cousin) y primera (first). Y hombre (man) y hambre (hungry). “Hambre, hambre” decía un hombre que pasé en la calle esta mañana. Igual decían muchos pacientes en la clínica, para los cuales una docena de barras de granola son una intervención importante.


Muchas cosas buenas resaltan de la semana pasada, sólo una no muy buena de la cual me arrepiento. Primero, las cosas buenas. Yo fuí a San Diego un día de la semana pasada. Por supuesto, el contraste en ambientes es fenomenal. De verdad que Estados Unidos parece ser el país de la abundancia. {Trump hizo un tremendo esfuerzo para prevenir “foro: compra según la posición económica del migrante” – una supuesta tendencia de los que buscan refugio, para atentar a alcanzar el destino más deseado en lugar de quedarse en el primer lugar que les provee un techo seguro. El habla supuestamente de aquellos que no tienen una alternativa mejor de la de quedarse a esperar en Tijuana (la capital de asesinatos de México, el país que rompió su propio récord de homicidios, el año pasado – más de 28,000). O ésos que tienen familia en EU y desean ser reunidos.}


Yo fuí a una exhibición de arte – Espacios Maravillosos- En donde un salón contenía 10 máquinas de coser alineadas y programadas para producir un despliegue de luces y sonidos. Era fenomenal, pero al principio el sonido me pareció como soldados marchando en un desfile militar. Fuí también al parque Chicano. Tienen una inscripción y un mural grande. Definitivamente vale la pena ir a San Diego aunque sea sólo para ver este homenaje para los inmigrantes.


De regreso a Tijuana, hice reservación para asistir a la protesta y marcha de “Luces para la Libertad”. Coalición para el Cierre de los Campos de Concentración. Aquí está la página web para información de qué se puede hacer: https://www.lightsforliberty.org/


En una cancha de fútbol, a media milla del cruce de la frontera, se reunieron entre cientos y mil personas que escucharon y caminaron hacia la frontera (bloqueando el tráfico en el Mall de Descuentos, por treinta minutos seguidos). Yo me uní a ellos y sólo me desprendí del grupo para caminar hacia México, donde después de mirar brevemente a mi pasaporte, fui admitida dentro de otro país. No necesidad de número.



Trabajando laboriosamente en la marcha, respondiendo al unísono de las consignas. Observando niños blancos saludables y bien nutridos ponerse mantas de mylar plateadas, representando simbólicamente los niños refugiados en las hieleras. Yo me sentí realizada, generosa, y tal vez moralmente superior con el peso de mi pesada mochila. Estaba cargada de dulces para la tos, crema de hidrocortisona, libros de colorear, bolsitas para las medicinas – todo para los migrantes. Como decía antes, éste fué una de las buenas cosas. Seguridad era omnipresente cuando llenábamos las calles, pero ví y escuché más pitos, bocinas y vistos buenos que burlas o mofa.


{ Cuál es la mejor manera de ayudar? Las ideas de la gente varían . En Tacoma, el mismo día de la protesta, un “activista” tiró objetos que se incendiaban a un centro de detención de ICE. Otros hacían lo mismo pero a vehículos de transporte de deportados, que estaban vacíos, deseando causar un sacudón, un retraso en todo ese triste proceso. Un buen hombre que sabía que se iba a morir, se lo dijo a sus amigos, y sí, se murió. Como decía la persona de Camerún, “tiempos de desespero se convierten en acciones desesperadas”. }


Oh si, ahora la situación no tan buena. Yo me arrepiento rotundamente por lo que hice, pero ahora yo veo y estoy de acuerdo con el hecho de que ICE, la aduana y la policía que patrulla la frontera no están equipados para manejar el flujo de refugiados y los que esperan el asilo. Entonces, la respuesta no es continuar “la batalla del flujo”, sino por el contrario, hay que buscar y encontrar los recursos para manejar el trabajo. Contraten profesionales, consejeros informados del trauma, contratan doctores, enfermeras y otros que puedan vacunar nuevos inmigrantes, gastar dinero en atención médica primaria y global, para que el que viaja tenga el cuidado apropiado durante todo el camino.


El Sábado en el refugio con muchos niños, yo estaba ayudando a una enfermera en la mesa de las medicinas. Ella estaba contando las pastillas para un paciente. El espacio estaba muy concurrido con la cantidad de carpas en un lado, y el resto área solo suficiente para un par de mesas desarmables para nuestra clínica médica. Los niños estaban en todos lados. Jugando, riéndose, poniéndose stickers, y empujándose unos con otros. Actuaban como niños encerrados todo el día en un edificio cerrado y caliente. Finalmente escapando un poco de la angustia de su situación. Una niña cogió las pastillas y yo le agarré el brazo. No duro o con fuerza pero en forma contundente. La sensación de su muñeca delgadita persiste en mi memoria.


La gente que ha emigrado de sus países necesita delicadeza. Ellos necesitan respeto. Necesitan bancas afuera de los lugares donde ellos esperan. (Qué son exactamente las que encontré hoy afuera de la clínica en la calle, donde los pacientes esperan hasta que las puertas se abren. Ellos no necesitan una mano blanca agarrándose enfáticamente, no importa qué caótica sea la situación. No importa qué tan miedoso sea para algunos en los Estados Unidos el ver la gente de diferente color, religión e idioma, mudarse a una propiedad al lado suyo, ó convertirse en miembros del congreso.

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